Ya sé, estarás pensando que el título está incompleto o que soy una estúpida: escritores hay muchos, yo soy una de tantas, ni de lejos soy la única.
Sin embargo, y aunque el título de este post parezca una idiotez, es de esa manera como se comportan más de cuatro que tengo el dudoso placer de conocer, como si fueran las únicas escritoras del mundo y, en consecuencia, las únicas que tienen derecho a escribir, presentarse, publicitarse, tener perfiles en las redes sociales o tener fans.
Pensarán que soy exagerada o radical, pero no es así. Soy observadora y leo con atención lo que las personas escriben en sus perfiles de redes sociales, sus blogs o cualquier otro espacio público. A veces pareciera que ni ellas mismas se lee porque no se están dando cuenta de lo que dicen y con ello lo único que hacen es poner en evidencia su egoísmo extremo.
Esta reflexión nace precisamente porque hace algún tiempo, en el perfil de una red social de alguna escritora, escribía una queja en la que se molestaba porque otra escritora (reconocida y talentosa) le había solicitado contacto través de dicha red social y en cuanto se había visto aceptada tuvo el “terrible descaro” de invitar a su nuevo contacto a su FanPage. La quejosa en cuestión decía que iba a eliminarla porque la estaba tomando únicamente como un número más dentro del gran público para reclutar y así conformar sus fans (o sea, a ella no se le ocurrió pensar que, así como esta otra autora se interesó en su trabajo y le solicito amistad, también quería tener la oportunidad de compartir lo que ella escribía. No, ella lo vio como una enorme ofensa; jamás se le ocurrió pensar que en esto de la escritura y en cualquier profesión, con otras colegas autoras, se debe manejar algo que se llama la reciprocidad).
Cuando observé dicho comentario me asombré un poco, pues quien vociferaba la queja a voz en cuello también utiliza las redes para hacer publicidad. ¿Y se molestaba porque otra escritora hacía lo mismo? Como quien dice, soy la única escritora en el mundo. Tengo todo el derecho de hacer la publicidad que yo quiera, pero no permito que otras personas me inviten a conocer su obra, porque entonces sí me enfado terriblemente y amenazó con retirarle el privilegio de tenerme dentro de sus amigos de la red social.
Es que en esto hay que analizar dos cosas.
Por un lado, que se cree la única escritora del universo, superior a cualquier otro pobre mortal y que considera que es la única persona que puede hacer publicidad de sus novelas pero que jamás admitirá que alguien intente siquiera invitarla a conocer su obra, a hacer lo mismo que ella hace. La ley del embudo: lo ancho para mí, lo angosto para los demás. Ante esto yo solamente digo una cosa: una invitación nunca es una obligación. Yo puedo invitar a todos los que mí se me de mi regalada gana y no estoy incurriendo en ningún delito porque no estoy obligando a nadie actuar en contra de su voluntad. Simplemente, si tanto te molesta una invitación, no hay nada más que hacer que solo ignorarla. ¿Se pierde algo con recibir una invitación? Yo no le veo ningún problema a dejarla pasar. No comprendo tanto aspaviento por una simple invitación.
Por otro lado, considera ella un verdadero privilegio que otras personas la puedan tener como amiga en la red social. Es decir, la única que se vería beneficiada con la amistad tendría que ser aquella pobre escritora que osó en pensar que podría encontrar una amiga. Y la prueba está en que a partir de su enfado amenaza con eliminarla de sus contactos. Yo me pregunto: ¿y qué? ¿Qué le va a pasar a la otra si la elimina? ¿Va a dejar de ser escritora? ¿Se le va a terminar el talento? ¿Va a perder a todos sus fans? Claro que no. Si la elimina simplemente la privará de tener entre sus contactos a una persona egoísta y narcisista que considera que las demás personas pierden demasiado por no tenerla a ella entre sus contactos. Si finalmente la eliminó en realidad de sus amigos, la única que ganó fue esta otra escritora que se libró de tener en su red a una persona negativa y egocéntrica.
Pero más allá de este caso que acabo de contar, y que sirve para ilustrar una de tantas ocasiones en las que me he podido dar cuenta de que existen escritoras que se consideran el centro del universo, lo que me queda es una reflexión de tantas que se pueden encontrar en el mundillo.
Es que hay miles de actitudes y de situaciones que solamente demuestran el ego desmedido de algunas autoras que se creen únicas en el mundo, que no tienen un mínimo de respeto por sus colegas, ni mucho menos consideración. Incluso, si pueden hacerle zancadilla de alguna manera para hacerla vivir alguna situación desagradable, lo hacen, incluso con malos comentarios o con críticas absurdas, que no vienen al caso y que sólo buscan tratar de demeritar su trabajo frente a los lectores (recuerdo una vez que una autora, escribió en su muro que no entendía porque otras escritoras escribían novelas en la que dos hermanas se peleaban por un hombre o dos hermanos por una mujer, que a ella le resultaba inmoral y poco original. Me dieron ganas de preguntarle “¿y a ti qué carrizo te importa, mijita? Escribe lo que se te pegue tu regalada gana y deja que los demás escriban lo que ellos quieran”).
Qué lástima que en un mundo como éste en el que se exalta un arte tan bonito como el de la escritura, uno tenga que ver esto: egos desmedidos que no solamente desconocen el trabajo de sus colegas, sino que además buscan descalificarlas y menoscabarlas como si no merecieran el éxito o ni siquiera merecieran ser escuchadas.
Definitivamente, el mundillo literario tiene 5% de literario y 95% de mundillo.







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